TODOS DIFERENTES, TODOS IGUALES

lunes, 7 de abril de 2008

Interculturalidad en la musica


La educación intercultural promueve relaciones de igualdad, cooperación entre personas procedentes de culturas diferentes, mediante la enseñanza-aprendizaje de valores, habilidades, actitudes, conocimientos... Junto a esta expresión de educación intercultural, también se emplean otras como educación multicultural, multiétnica, multirracial... Al emplear los distintos términos siempre tenemos presente un enriquecimiento mutuo, gracias al reconocimiento y la valoración de las distintas culturas.

La integración de los niños desde las primeras etapas educativas en la cultura de un grupo social, incluyendo la formación cívica en los valores y normas del mencionado grupo es primordial, pero también debemos fomentar en ellos el respeto y la convivencia entre los individuos o los grupos socialmente diferentes.

La educación en ningún caso es un proceso neutro, y por eso nosotras, a través de la música, queremos optar por transmitir valores como la cooperación, la solidaridad, la empatía... Así crearemos una educación que contribuya a mantener un verdadero ambiente de paz en el mundo.

La construcción de un futuro más solidario está íntimamente vinculada al tipo de enseñanza que ofrezcamos a nuestros alumnos desde las edades más tempranas. El desarrollo de los valores en las personas toma una importancia cada vez más relevante. Al trabajar la interculturalidad a través de la música, encontramos valores universales que permiten el diálogo y la igualdad entre seres humanos.

Educar en actitudes interculturales significa dar a los niños puntos de vista no racistas, favoreciendo la predisposición afectiva positiva hacia personas de diferentes culturas y proporcionándoles la posibilidad de que manifiesten conductas tolerantes, respetuosas y solidarias. Según Enrique Santamaría una de las palabras mágicas es “comprensión”. Los niños de la clase son culturalmente diversos, heterogéneos. La tarea pedagógica estaría encaminada a reducir los problemas que esa diversidad pueda traer consigo y a utilizar sus virtualidades positivas.

Pero, ¿qué papel desempeña la música, los juegos, la literatura en una educación intercultural?. Según afirman Giraldez y Pelegrín (1996), estas manifestaciones están esencialmente vinculadas con la vida, son básicas en la formación del individuo. La música, la danza, la literatura, los juegos... son manifestaciones colectivas en las que los niños y las niñas inician lúdicamente diversos aprendizajes. Transmitidos de padres a hijos, contienen la esencia del saber, las creencias y las costumbres de cada cultura. Asumen diferentes estilos y estructuras de acuerdo al período histórico, al área geográfica o a la cultura en la que se practican, son formas de expresión de los más profundos sentimientos y aspiraciones que pertenecen a toda la humanidad.

La cultura se recrea constantemente. La música, los juegos... como elementos vitales del proceso cultural, son lenguajes recreativos en el sentido más amplio del término, ya que nos ayudan a nosotros y a nuestras culturas a renovarnos, transformarnos. Mediante este intercambio se favorece el desarrollo de la tolerancia y el respeto entre el alumnado, facilitando la comunicación y las relaciones entre individuos de culturas diferentes.

La interculturalidad se puede trabajar con la música al dramatizar cuentos. Las imágenes del artículo corresponden a uno sobre un pequeño ruiseñor que vivía en un país del lejano oriente y con su canto llenó de paz a todos sus habitantes. Con este cuento los niños entraron en contacto directo con la cultura asiática, haciéndola por unos momentos suya con la música. Como dice Gadamer “reconocer en lo extraño lo propio, y hacerlo familiar, ése es el movimiento fundamental del espíritu cuyo ser no es sino el retorno a si mismo desde el ser del otro”.



Nosotras también hemos elaborado diversos materiales para trabajar la interculturalidad, que posibilitan experiencias y situaciones a través de las cuales los niños interaccionan con el mundo externo. Estos materiales se pueden considerar didácticos porque al ser observados, manipulados y explorados provocan el desarrollo y formación de determinadas capacidades, actitudes y destrezas (Gallego y Gallego, 2001). Al utilizarlos con la música favorecemos situaciones de enseñanza-aprendizaje en un entorno más rico.

Uno de ellos es un muñeco de fácil elaboración (con globos de distintas formas, tiras de papel de periódico, pasta de cerámica, pintura, algodón...) que sirve de marioneta para realizar un teatro de guiñol. Podemos inventarnos un cuento donde nuestro amigo, que vive en otro país, les enseñe las canciones que él canta, los instrumentos musicales que toca...

Con los niños de las primeras etapas educativas se pueden confeccionar cotidiáfonos (instrumentos “informales”, “no convencionales”, “didácticos” que están realizados con objetos y materiales de uso cotidiano) y así jugar a interpretar músicas de distintos países, inventar nuevas canciones, representar y sonorizar distintas historias... Según Judith Akoschky “la confección de instrumentos sencillos encuentra en los materiales de uso cotidiano una fuente inagotable de recursos si la búsqueda se realiza con nueva mirada y oídos atentos”.

Pretendemos que los niños al trabajar la interculturalidad con la música asuman nuevas iniciativas, colaboren entre ellos, establezcan relaciones sociales en ámbitos cada vez más amplios, conozcan, valoren y respeten distintas formas de comportamiento, manifestaciones culturales y artísticas de su entorno u otro más lejano, mostrando siempre una actitud de interés y aprecio hacia las mismas.

Existen muchos materiales útiles para trabajar la interculturalidad, pero es necesario que ésta sea una tarea compartida por todos. Necesitamos la participación de familia, escuela y sociedad para que los niños se conviertan en ciudadanos comprensivos, autónomos, que admitan diferentes puntos de vista llegando a acuerdos sin recurrir a medios violentos… Con la educación intercultural a través de la música podremos desarrollar capacidades cognitivas, afectivas y sociales que impulsen en los niños actitudes críticas positivas, para que al integrarse paulatinamente en la sociedad en la que se encuentran inmersos, la mejoren y transformen con nuevos valores éticos-morales propugnados entre estos tres ámbitos sociales que influyen en el niño.


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