TODOS DIFERENTES, TODOS IGUALES

martes, 8 de abril de 2008

Cuento gitano: "LA AMAPOLA"


Hace bastante tiempo, vivía una familia gitana en un pueblo bastante grande. Se ganaban la vida trabajando como herreros y haciendo cestas con mimbre que cogían al lado de los ríos y vendían a la gente de los pueblo de alrededor.
Un día el hijo mayor, que estaba casado y tenía dos hijos, decidió irse con su mujer una temporada, en carro a conocer sitios más lejanos ( en aquella época no había coches).
Sus padres y hermanos intentaron, al principio, convencerles de que no lo hicieran, pero los veían tan entusiasmados, que al final, les ayudaron a preparar todo y les dieron todo tipo de consejos para el viaje: que camino seguir, que hacer al llegar a un pueblo nuevo, donde acampar....
Y se fueron a recorrer mundo de pueblo en pueblo, de feria en feria haciendo y vendiendo cestos que en aquella época pagaban bien.
Pero un día que se encontraban en una feria, lejos de su familia, el marido se empezó a encontrar mal. Fue al médico del pueblo, pero pasaban los días y no mejoraba. Con lo que habían ganado en la feria tuvieron para ir pagando las medicina y el doctor (entonces no había Seguridad social ni teléfono), pero todo fue inútil: el gitano murió.

Su mujer con mucha pena lo enterró y volvió a casa con su familia. Pero el camino era muy largo y tenía que ir vendiendo lo poco que tenía para pagar todos los gastos, para poder dar de comer a los hijos, hasta el carro y el caballo. Lleva el niño pequeño en brazos y el otro caminando, agarrado de sus faldas. Ya no le quedaba nada de dinero y se tuvo que poner a pedir a la gente que encontraba , pues solo le quedaba un trozo de pan duro.

Vio a una señora y ...
-¡Buenos días, señora! –dijo la gitana acercándose a la señora.
Pero esta pasó de largo y ni siquiera la miró.
La pobre gitana cogió a sus pequeños y siguió caminando. Al cabo de un rato vio que se acercaba un leñador. La gitana se acercó a él y le dijo:
- ¡Buenas tardes, buen hombre! ¿Me podría escuchar un momento?
Y el leñador se paró y dijo:
-Lo siento, pero no tengo tiempo para escucharla.
Y siguió su camino
La gitana siguió caminando. Ya estaba oscureciendo, de repente vio a un hombre y se acercó a él. Era un hombre con una gran capa negra y un sombrero de ala muy ancha que le tapaba la cara. La gitana con voz temblorosa le dijo:
-¡Buenas noches , buen hombre!¿ Me podría escuchar un momento? El hombre se quedó quieto y escucho a la gitana. La gitana le contó todo lo ocurrido, y el hombre sacó de debajo de la capa una amapola y le dijo:
“Lo que yo te puedo dar
debajo de esta amapola
lo encontrarás
La gitana cogió la amapola y se la dio al niño. Al volverse para dar las gracias el hombre había desaparecido. La gitana siguió su camino sin rencor porque aquel hombre le había dado todo lo que tenía y no había hecho como otros que pasaban sin contestarle ni mirarla a la cara
Pero de todas formas no le quedó más remedio que seguir caminando e ir buscando un sitio para dormir. En mitad del bosque vio un árbol, se sentaron y la sacó del delantal un trozo de pan duro que le quedaba. Le dio la mitad al niño mayor y ella se comió la otra mitad, mientras le daba de mamar al niño más chiquito. Enseguida se echaron a dormir, allí mismo, los tres muy juntitos, y el niño mayor se durmió sin soltar la amapola que el hombre de la capa negra les dio al oscurecer.
Al día siguiente el canto de los pajarillos despertó a la gitana. Se levanto y al escuchar el ruido de un pequeño río que pasaba por allí, decidió ir a lavarse.
Al acercarse vio una amapola y se extrañó. Miró en la mano del niño y no vio que tuviera la amapola. De repente se acordó de aquellas palabras que le dijo el hombre de la capa.
“Lo que yo te puedo dar
debajo de esta amapola
lo encontrarás”
La gitana corrió hasta donde estaba la amapola y empezó a escarbar a su alrededor. Sus manos tocaron algo duro. La gitana nerviosa empezó a escarbar con más rapidez.
¿Sabéis lo que encontró? Un cofre lleno de monedas de oro. Contenta despertó a sus hijos y siguieron el camino hasta encontrar a su familia y así fueron felices y nunca más volvieron a pasar necesidad.

1 comentario:

Soledad Alvarez dijo...

Hola: podrías decirme quién es el autor?